Zugarramurdi: el pueblo donde el miedo creó brujas
En el corazón de Navarra,
entre montañas húmedas y bosques envueltos en niebla, se encuentra el pequeño
pueblo de Zugarramurdi. Hoy es un lugar tranquilo, pero a comienzos del siglo
XVII se convirtió en el escenario de uno de los episodios más inquietantes de
la historia de España: el mayor proceso por brujería de la monarquía.
Todo comenzó alrededor de
1609, cuando empezaron a circular rumores entre los vecinos. Se hablaba de
reuniones nocturnas en las cuevas cercanas al pueblo. Algunos afirmaban que
hombres y mujeres se reunían allí para celebrar los llamados akelarres,
supuestos rituales donde se adoraba al demonio entre bailes, fuego y juramentos
oscuros.
Las acusaciones crecieron
rápidamente. Vecinos denunciaban a vecinos, e incluso niños aseguraban haber
visto a personas volar por la noche o transformarse en animales. El miedo se
extendió por toda la región hasta llegar a oídos de la Inquisición Española,
que decidió intervenir.
Decenas de personas fueron
detenidas y el caso culminó en 1610 con el famoso auto de fe celebrado en
Logroño. Allí varios acusados fueron condenados y algunos terminaron en la
hoguera, acusados de haber hecho pactos con el diablo.
Pero la historia dio un giro
inesperado gracias a un inquisidor llamado Alonso de Salazar y Frías. Tras
investigar durante meses por los pueblos de Navarra, llegó a una conclusión
sorprendente: la mayoría de las confesiones eran falsas, fruto del miedo, la
presión y la imaginación colectiva.
Su informe convenció a los
tribunales de que no existían pruebas reales de brujería. A partir de entonces,
la Inquisición española adoptó una postura mucho más escéptica ante este tipo de
acusaciones.
Así, lo que comenzó como una ola de terror en un
pequeño pueblo terminó convirtiéndose en una lección histórica sobre el poder
del miedo… y sobre la importancia de la razón frente a la superstición.

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