El mito de la reina que nunca se bañaba
Entre los muchos relatos que envuelven a Isabel la Católica, hay uno que ha sobrevivido a los siglos con la fuerza de una leyenda negra: la idea de que la gran reina de Castilla solo se bañó dos veces en su vida. Una acusación tan absurda como intencionada, nacida de la pluma de enemigos que quisieron empañar la figura de una de las soberanas más influyentes de la historia. La realidad, sin embargo, es mucho más compleja y revela la colisión entre mentalidades medievales y modernas. En la Europa del siglo XV, el baño completo era visto con desconfianza. Los médicos advertían que abrir los poros con agua caliente debilitaba el cuerpo y dejaba la carne “expuesta” a las enfermedades. Además, la religiosidad de la época vinculaba el exceso de cuidados físicos con la vanidad y la corrupción del alma. En ese mundo, los perfumes, los paños húmedos y los lavados parciales eran la norma; sumergirse en una bañera era, casi, un acto exótico. Isabel, educada en la sobriedad y la discipli...