Entradas

Mostrando entradas de diciembre, 2025

Rasputín, el hombre que susurraba al Imperio

Imagen
  En la Rusia crepuscular de los zares, cuando el imperio crujía bajo el peso del hambre, la guerra y la superstición, apareció un campesino sucio, barbudo y de mirada hipnótica que parecía surgido de las nieblas de Siberia. Grigori Yefímovich Rasputín no llegó montado en caballo blanco ni envuelto en santidad, sino oliendo a vodka, a sudor y a pecado. Y, aun así, terminó sentado en el corazón mismo del poder. No era monje ni profeta, pero hablaba como si Dios le soplara al oído. Decía que el pecado acercaba al perdón y que la salvación nacía del abismo. Mientras la nobleza se escandalizaba en público, acudía a él en secreto. Rasputín bebía, fornicaba y rezaba con la misma intensidad, convencido —o fingiendo estarlo— de que el caos era una forma superior de fe. Su ascenso se selló cuando el heredero del Imperio, el pequeño Alexéi, dejó de gritar de dolor. La hemofilia cedía ante la voz grave del campesino y las oraciones murmuradas en la penumbra. Para la zarina Alejandra, Rasp...

El Humo y la Sombra: El Tabaco ante el Santo Oficio

Imagen
  Cuando el tabaco cruzó el océano y entró en la vieja Europa, no solo trajo consigo su aroma áspero y su embrujo exótico: también encendió una guerra silenciosa entre la costumbre naciente y el miedo ancestral. Era el siglo XVI, y mientras los galeones descargaban hojas secas que los indígenas habían venerado durante siglos, el Santo Oficio fruncía el ceño ante aquel humo que serpenteaba como un presagio. Para muchos inquisidores, aquello no era una simple costumbre americana: era un desafío espiritual, un soplo extraño que escapaba de la boca humana igual que el aliento de los antiguos ídolos. Hubo quien aseguró que fumar era una puerta entreabierta al demonio, un acto que confundía la mente y la voluntad. Y en los claustros más severos se debatía si aquel hábito podía corromper almas con la misma facilidad con la que impregnaba capas y sotanas. Algunos sacerdotes tomaban rapé antes del sermón y estornudaban con tal estruendo que parecían expulsar al maligno en cada sacudida. O...