La mandíbula de los Austrias: cuando el poder deformó la sangre
Hay rostros que marcan una época. En la historia de España, pocos rasgos son tan reconocibles —y tan inquietantes— como la mandíbula prominente de los Austrias. Ese mentón exagerado, casi desafiante, no fue una casualidad ni un capricho del retratista. Fue la huella visible de una dinastía que, obsesionada con conservar el poder, acabó pagando un precio genético devastador. El llamado prognatismo mandibular , conocido popularmente como el mentón austríaco , consistía en el adelantamiento excesivo de la mandíbula inferior. Dificultaba el habla, la masticación y alteraba la fisonomía de quienes lo sufrían. Carlos V, Felipe IV o Mariana de Austria lo mostraron con orgullo forzado en sus retratos oficiales. Pero donde alcanzó tintes casi trágicos fue en la figura de Carlos II , el último Austria español. Carlos II nació ya condenado. Fruto de generaciones de matrimonios entre parientes cercanos, su cuerpo fue el resumen de siglos de endogamia: mandíbula extrema, lengua grande, de...